Pisan campo santo las moscas. Crujen sus corazones negros tostados al sol urbano. Los cristales están codificados con sucia lluvia. Preso musita un coágulo de oración. Pasa como un loco la mano por los pliegues de la cortina. El acordeón exprime el aire. Ya nada suena en esas olas de tela. La habitación es su reino y su tumba; es la epifanía y la cúpula. Habitación sin salidas. Un buda reza ante una cruz. Las velas se enquistan a la espera de una efemérides de amor. La foto de familia vista desde fuera resulta una parodia. A estas paredes les faltan niños jugando a la pelota y les sobran golpes de puño, impotencia de papel pintado. Lo más triste es que vive razonablemente feliz en la indigencia emocional. Se oculta a los cambios, a las variaciones del juicio, esgrime como excusa el vuelo de un ángel disfrazado que planea por las noches entre la almohada y el peso escultural de su nuca. Asegura que el ángel es un ladrón. Le roba los secretos. Y sin secretos un hombre no debe traspasar la puerta de su habitación, pues corre el riesgo de confundirse con otros y desaparecer.
Me gusto mucho el final "un hombre con secretos, no puede salir de su habitacion, sufre el riesgo de perderse" o algo parecido, me gusto mucho, esa profundida de un mensaje abstrato, que solo podria ser codificado en la fosa profunda del pensamiento y la conciencia.
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