
Desperté;
y después, mucho después…
abrí los ojos.
Un inmenso párpado cubría el mundo.
Porfiando con amaneramientos entroncados,
dispuesto al alivio del peso oscuro,
luchando contra todo con armas de inexperto
hice venir la magia del desierto.
Mezcla de quejas e impotencia
anegaron el rostro; y volví a dormir
enganchado al contumaz letargo.
David Morán — 05-10-2005 03:10:45
Martha Beatriz — 05-10-2005 04:08:12