
El fregadero brilla con la aceitunada caricia del lavavajillas exterminador, vanguardista espectro. Una cuna se traga del niño sus berridos y la madre neurótica perdida se desespera contra un muro de impotencia. No comprende a quien no habla. Enciende la tele por tapar el ruido con ruido. Llaman a la puerta. Se presenta un gestor nacional cuando algo se pudre, y el fétido olor atasca las cañerías. El niño con las quijadas rotas, enmudece. La madre quiere huir del naufragio a bordo de una balsa de valium. El gestor es una voz que ruge, lo que corresponde a la tragedia del instante. La gotera insiste torpedeando el fregadero como los granos rasposos de un reloj de arena. Es el ordinario infortunio en verde.
Martha Beatriz — 14-08-2005 20:52:42
David Morán — 14-08-2005 22:18:48