LA FIESTA DE ORO
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Prosa irreflexiva • Fecha: 31-05-2005 10:10:41

Dan las cinco de la tarde cuando al torero le mariposean ángeles en el estómago, cuando la capilla se estrecha como un ascensor bloqueado. Dan las cinco de la tarde cuando un rumor circula por la plaza. El cosquilleo, los aromas primitivos se mezclan en la sudorosa tarde. Las manos ávidas. La mesa puesta. Suenan los clarines y se abre la puerta de chiqueros. El sobre baila en la taza. ¡Vamos Maestro! Y el matador se entrega con deleite al trance diario de tomar el té a las cinco de la tarde.
Escrito por
Luis Amézaga
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Un buen suspenso pasé antes de tomar el sorbo, aunque la taza de té me decía algo (foto), no me fié y esperaba lo peor para el torero. ¿Paranoico que soy?.
Nuevos Saludos
David Morán — 01-06-2005 04:54:58
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Había que compaginar la corrida (de toros) con el placer.
Luis Amézaga — 01-06-2005 11:24:47
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Muy bien pero a mi me faltan las horas, aún no he tomado el té con leche de la última corrida (la de ayer) y ya son las cinco de la tarde, otra vez. Buena hora para tomar el te. No me hagas caso, sólo pasaba por aqui. Saludos.
Ahh, cabronazo me has echo contar en el Pollo una de Pacharan. ¡Oye!, apenas he tenido tiempo de desarrollar, tal vez necesite ayuda con los hombres de negro, cuento contigo. No vayan a secuestrarme, jeje. Saludos. Tbo — 06-06-2005 01:00:42
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