
Lucha con el mutis como arma
cuando los alaridos se estrellan contra el tabique.
El niño aporrea el tambor,
la madre despotrica incoherencias,
la hermana con voces de parto
alardea que un casado la embarazó.
El padre, con su voz aguda,
es el que más chilla; por autoridad.
El tabique tiembla. El papel pintado se estremece.
Llaman: - ¡Es la abuela!
- ¡Mamá!
- ¡Joder con la suegra!
Un cuerpo doblado, envuelto en arrugas
resbala por el salón,
con los ojos casi cerrados
hace balance de su alrededor.
Pusilánime de la muerte,
egoísta recalcitrante,
pone a la familia en pie de guerra.
Todos acaban la riña ante la delicada mención
de una ansiada herencia.
Unos minutos de tregua
ante el dios menor, ante la imagen milagrosa:
Es el televisor.
La familia adora
a semejante hacedor de imposibles.
Al otro lado del tabique
dormita un caballero de ensoñaciones
que aprovecha el silencio
de la palabra pomposa del presentador.
En el techo de apariciones florales
un día vislumbró el final del libro;
el fin es la descripción del protagonista,
un héroe legendario, poderoso,
pertinaz, un dios mayor
capaz de esperar la llegada de su musa,
de su acción de amor.
El tabique vibra ante la nueva discusión.
- ¡Niño, deja de tocar el tambor!
- ¡El niño no te ha hecho nada!
- Tú siempre tienes que darle la razón.
- ¡Callaos, por dios (televisor)!.
El personaje se incorpora a la realidad:
página setenta, faltan cien o más.
Ahogo de carbono, excreción de durmiente,
la persiana perforada
filtra los haces de luz
de una primavera sin arrebato,
de una primavera de soltero
que busca su nombre cincelado
en el tronco de los árboles
junto a un corazón y una flecha.
Personaje desnudo, sin fuerza,
desvalido, con escasos recursos
en literatura moderna.
Personaje impaciente
por adquirir hechura,
destinado, quién lo diría,
a ser el protagonista de la última página.
- ¿Quiere unas pastas, abuela?
- Déjame, hipócrita.
El tabique calla
porque está hecho de ladrillo, cemento y vergüenzas.
Tbo — 21-05-2005 03:16:35
David Morán — 22-05-2005 03:39:07