
Tumbado en la cama, un cuerpo se le abraza por la espalda. Pero no es consuelo. Al inteligente pocas excusas le sirven. La calidez del afecto sincero desdiciendo a la noche desangelada se aferra a su glande mortecino con la gloriosa aspiración de apañar el adjunto morcillesco. Un goteo deplorable de semillas improductivas llena su ombligo. El semen, por lo que a mí respecta, no es filosofía licuada, aunque sepa que no sabe a nada.
David Morán — 14-05-2005 19:34:47
Tbo — 14-05-2005 23:25:50