
El líder camina orgulloso de su calado sombrero de estupidez. Le han votado y sabe que no está solo entre las sombras chinescas de una tarde lluviosa donde el ciudadano se moja hasta las bolas. A veces tengo envidia de las formas que aún no se han creado. Están a tiempo de comprender lo que les espera en los espacios ocupados. Nosotros que fuimos un bocadillo de aire esencial donde el pan se tira, ahora pesamos y eso duele. Y cualquier papanatas de medio kilo y palabra de pancarta se pone delante para arrastrar al abismo vendido como paraíso democrático, donde no hay dioses, donde todos seremos cachondos angelotes.
Martha Beatriz — 18-04-2005 20:50:23
David Morán — 18-04-2005 22:18:54