
Anoche amaste.
Te cuesta reconocerlo.
Tus manos ya son el mapa de su cuerpo.
Entregaste aquello que en el alma
no reconoce dueño,
confiando que ella no se apropiara
como reina de su reino.
Con las persianas recogidas,
el telón izado,
la vida ya no es eso.
La vida es matar el amor
o morir por amor.
Y tú eres un superviviente
dispuesto a escribir la Historia.
Los mártires no dan su versión.
Con su miel aún en tus dedos,
Con la herida abierta,
Sabes que alguien vive
detrás de los retratos.
El sueño te coge dormido
y no sabes quién te ha suplantado,
quién ha recorrido la infinitud del pasillo,
quién se ha mirado en el espejo del baño
y sólo ha visto reflejada
la soledad de los azulejos
Tu cuerpo se ha ido en cada caricia.