Me preguntaba yo esta noche, entre verso y verso, entre reflexiones y aforismos delirantes, quién concede el título de escritor. ¿El que escribe, porque unilateralmente ha decidido "regalar" al resto de la humanidad su verbo fluido? Quizá si fuera así, debiéramos pensar por qué nos quejamos tanto cuando no conseguimos los lectores buscados ni las ventas pretendidas. Y debiéramos ser más humildes para recibir las críticas demoledoras. Porque..., ¿quién nos ha pedido nuestra versión del mundo?: Nadie, es cierto, la ofrecemos por propia voluntad y no poca jactancia. Y encima queremos atención y repercusión. En esta faceta los que escribimos poesía ya somos la repanocha. Le clavamos nuestros versos a cualquier viandante que se descuide, en cuanto se da la vuelta, toma poemilla en la cara. Cómo librar a la humanidad de nuestras mediocres y grises rimas (las más abundantes) y cómo filtrar las talentosas (escasas, muy escasas). Alguien (el problema es quién) debiera atarnos las manos cuando vamos a escribir mediocridades, y ese mismo alguien debiera cortárnoslas cuando nos empeñamos en publicarlas.
¿El título de escritor deben otorgarlo los grandes editores, los agentes literarios, las fuerzas mediáticas que controlan la opinión y edición en este país, los críticos asalariados? Si es así, que renuncien de inmediato los que no dan bien ante una cámara, los bizcos, los que no tienen don de gentes, los que no están geniales y ocurrentes en las fiestas de promoción, en las entrevistas... Que renuncien de inmediato aquellos que se les dé mejor escribir que hablar. Renuncien a que se les considere escritores los que tienen opinión propia y la fea costumbre de emitirla en alto, los que no son obedientes ni se consideran carne de consumo. Los que - ingenuos -, consideran que lo importante son sus textos y no la exhibición de excentricidades ensayadas. Si todos estos no renuncian, acabarán en la estúpida indigencia. Dedíquense mejor a la estética recauchutada.
¿El título de escritor deben concederlo los lectores? Sí es así, sólo pueden aspirar a él aquellos que logran meterse en la industria de la literatura, en sus fábricas de producción. Porque sólo desde allí se puede hacer llegar al público. Si son los lectores los que deciden, cuántos ejemplares hay que vender para considerarse ya un escritor. O también hay lectores de primera que son los que otorgan el título y lectores de segunda que se dedican a no fastidiar el fondo del armario con un ejemplar de portada folklórica. ¿Los lectores son los jueces de este asunto cuando convierten en líder de ventas unas biografías escabrosas del mamarracho de moda?
¿El título de escritor lo concede una forma de vida determinada, un espíritu creativo, una búsqueda linguística, una expresión diferente, una realidad intangible que todo el mundo conoce pero nadie ve, la Inspiración, alguna Universidad extranjera?
Os digo de verdad que no sé quién concede el título de escritor. En mi caso, confieso que me lo dispensó mi santa madre. Y ya se sabe qué pasa con las madres; a ver quién les lleva la contraria. Además me parece que tiene tanto derecho como cualquiera a conceder títulos. He dicho.
Martha Beatriz — 10-04-2005 16:05:05
Luis Amézaga — 11-04-2005 18:21:38
Armando — 25-06-2006 15:19:21